Gracias por este cerebro, mamá.

Written by on 06/05/2018

GRACIAS POR ESTE CEREBRO, MAMÁ.

LA INFLUENCIA MATERNAL EN EL MODELADO CEREBRAL DESDE LOS PRIMEROS COMPASES DE LA VIDA.

En el desarrollo del bebé, una madre biológicamente sana es necesaria pero no suficiente. En esta entrada de Bracum vamos a analizar la importancia que el estrés de la madre tienen sobre el desarrollo neurológico del bebé. Así, las vivencias estresantes que la madre experimenta durante el embarazo pueden afectar a la forma en que las células nerviosas del embrión crecen, se diferencian o comunican entre sí.  De este modo, desde los primeros momentos del desarrollo, las vivencias a las que se expone mamá y el modo en que aquellas le afectan, van a mediar en el modo en que nuestro sistema nervioso central se desarrolla y organiza.

El desarrollo del sistema nervioso central empieza en el período embrionario (primer y segundo mes), continúa en el período fetal (tercer mes hasta noveno mes) y se extenderá durante la etapa postnatal hasta alcanzar la tercera década de la vida. De este modo, la formación del tubo neural, el desarrollo de las estructuras precursoras del sistema nervioso central, la proliferación de células gliales, la proliferación neural y su correspondiente migración hacia sus destinos definitivos aparecen en un período en que la madre constituye el elemento clave posibilitador de estos y otros fenómenos esenciales del desarrollo humano.

Desde el punto de vista neurobiológico, cuando la madre se enfrenta a situaciones estresantes, se generan toda una serie de respuestas de entre las que vamos a destacar la correspondiente al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (eje HPA), que se materializa en la generación y liberación de glucocorticoides al torrente sanguíneo por parte de las glándulas suprarrenales. El principal glucocorticoide en el ser humano es el cortisol, el cual parece tener la capacidad de producir un efecto negativo en el desarrollo estructural del cerebro y en el consecuente desarrollo cognitivo.

En relación con esta idea, tal es la genialidad de la naturaleza de la maternidad que se ha demostrado cómo durante la gestación, la respuesta biológica al estrés de la madre (y potencialmente nociva para el feto) se atenúa, de modo que las mamás embarazadas experimentan, ante situaciones estresantes, un menor incremento de la frecuencia cardíaca y una disminución de los niveles de cortisol esperables para esa misma madre si no estuviese embarazada.

De este modo, algunos estudios llegan a indicar que esta exposición atenuada al estrés tendría un efecto positivo sobre determinados aspectos del neurodesarrollo, argumentos que estarían en sintonía como las ideas subyacentes al entrenamiento en inoculación del estrés. Por tanto, la exposición por parte del feto a la respuesta del eje HPA modulada por la madre generaría una serie de adaptaciones ventajosas para el futuro.

Pero ¿Qué ocurre cuando mamá sufre de elevados niveles de ansiedad o depresión durante el embarazo? Diversos estudios han mostrado que el nivel elevado de estrés, depresión y ansiedad de la madre durante el embarazo se asocian a un aumento de la actividad basal del eje HPA del niño, así como a la reducción del volumen de sustancia gris en la corteza prefrontal, premotora, temporal medial y lateral, cerebelo, circunvolución occipital medial y giro fusiforme. Desde el punto de vista neurocognitivo, tales alteraciones han sido relacionadas con un peor control inhibitorio en las niñas y una alteración de la memoria de trabajo visuo-espacial tanto en niños como en niñas.

Entonces, ¿La importancia de mamá se limita al período prenatal? No, por supuesto que no. Las investigaciones llevadas a cabo en torno a esta cuestión han mostrado que la calidad de la atención materna durante los primeros años de vida, tiene el potencial de compensar los efectos generados por un entorno prenatal desfavorable. En relación con esta idea, la gran capacidad plástica del cerebro (especialmente durante los primeros años de vida) harán que se pueda beneficiar de experiencias postnatales en las que un cuidador competente podrá actuar como filtro estabilizador y amortiguador de las fuentes de estrés.

En palabras de Sue Gerahdt “… en la edad bebé es cuando… nuestras respuestas fisiológicas y emocionales automáticas se establecen”. Tras el nacimiento, el contar con un adulto disponible, coherente y sensible a las necesidades físicas y emocionales constituirá un elemento fundamental en tanto en cuanto, la madre o cuidador/a es capaz de regular los niveles de cortisol, dopamina y serotonina en el bebé. De este modo, estas experiencias básicas nos preparan para el futuro y nos convierten en adultos seguros y con confianza.

En definitiva, en nuestro desarrollo neurocognitivo y emocional iniciamos nuestra andadura en la vida con la necesidad y expectativa de que alguien gestione el estrés por nosotros ya que inicialmente carecemos de esta habilidad. Una vez más, mamá y cuidador/es principal/es estarán ahí estableciendo las primeras piezas del puzzle neurobiológico sobre el que se asienta nuestra personalidad, capacidad cognitiva y de gestión emocional.

Por todo esto y por muchas otras cosas que exceden el alcance de este artículo, muchas gracias por este cerebro, mamá.

Israel Alberola y Mª Carmen Pastor

REFERENCIAS:

– Enseñat-Cantallops, A., Roig-Rovira, T. y García-Molina, A. (2015). Neuropsicología pedíátrica. MADRID. EDITORIAL SÍNTESIS. ISBN: 9788490771938

– Gerhardt, Sue. (2016). El amor maternal: la influencia del afecto en el cerebro y las emociones del bebé. EDITORIAL ELEFTHERIA. ISBN: 9788494608704


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