Relación entre expectativas y motivación

Written by on 10/05/2018

RELACIÓN ENTRE EXPECTATIVAS Y MOTIVACIÓN.

 

Anteriormente en Bracum dedicamos una entrada a la motivación intrínseca como otro de los aspectos que,  junto a la emoción, constituye un aspecto de gran relevancia para poder comprender cómo se organiza el comportamiento humano. En ella pudimos ver cómo la motivación de tipo intrínseco tenía asociadas una serie de ventajas frente a la motivación basada en la consecución de consecuencias instrumentales externas, o lo que es lo mismo, frente a la motivación extrínseca. Si quieres saber más, te dejamos aquí el enlace.

En el presente artículo hablaremos de la importancia de la generación de expectativas y la relación de estas con la motivación. En relación con esta idea, analizaremos también el concepto de indefensión aprendida, elemento esencial en la generación de expectativas y por ende, en la motivación.

¿Qué es una expectativa?

Los psicólogos cognitivos actuales definen la expectativa como la evaluación subjetiva de la probabilidad de alcanzar una meta concreta. Se trata de mecanismos mediante los que llevamos a cabo predicciones sobre la probabilidad de que ciertos acontecimientos tengan lugar o de que se deriven ciertas consecuencias. Las expectativas constituyen estructuras de conocimiento que están basadas en la experiencia previa.

Si contextualizamos este fenómeno en el ámbito educativo podemos, por ejemplo, pensar en la situación en que un alumno o alumna se enfrenta a las preguntas de un examen. En tal coyuntura, tras leer las preguntas, el alumno evaluará la probabilidad de superar el reto que se le plantea. A continuación y, como consecuencia de las evaluaciones subjetivas de la probabilidad de éxito, tendrá lugar un proceso de anticipación de resultados.

¿Pero las expectativas son siempre del mismo tipo?

Albert Bandura propuso una popular distinción entre tipos de expectativas, diferenciando “expectativas de eficacia” y “expectativas de resultado”.

 

Albert Bandura

Las expectativas de eficacia representan el juicio que una persona hace sobre la seguridad que tiene de poder realizar una conducta en particular. Generalmente cuando las personas esperan poder realizar una conducta adecuadamente también están dispuestas a participar en las actividades que implican tales conductas, a desplegar los esfuerzos necesarios para cumplir con los retos que se presentan y a persistir si se presentan obstáculos.  Contrariamente, cuando las personas esperan no poder realizar una conducta de manera exitosa no están dispuestas a participar en las actividades que requieren tales conductas, se esfuerzan menos y  se conforman con resultados mediocres antes de acabar y se rinden si se presentan obstáculos.

Por otro lado, las expectativas de resultado implican juicios por parte de la persona sobre lo bien que puede realizar una conducta concreta, las expectativas de resultado implican juicios por parte de la persona sobre si una conducta en concreto tendrá un resultado específico. Por ejemplo, si estudio un poco todos los días, aprobaré todas las asignaturas, o bien, si le pido a la profesora que me lo vuelva a explicar me gritará.

Dada la gran relevancia de las expectativas en el proceso de enseñanza-aprendizaje, su abordaje en el aula es de necesario cumplimiento ya que, tanto en el caso de las de eficacia, como en las de resultado, la generación de expectativas positivas ayudará a nuestro alumnado a orientar adecuadamente sus esfuerzos hacia una consecución más precisa de sus objetivos.

Pero, ¿Solamente importan las expectativas del alumnado?

No, de hecho la expectativas del docente son también muy importantes en el proceso enseñanza-aprendizaje. Para contextualizar este hecho, haremos referencia a un artículo de Alberto Soler (psicólogo especialista en crianza), en el que se trata también el tema de las expectativas y se describe el curioso experimento llevado a cabo por Lenore Jacobson y Robert Rosenthal en torno a la importancia de las expectativas del docente en el ámbito educativo, lo que ellos denominaron Pigmalión en las aulas.

 

Robert Rosenthal

Para llevar a cabo el experimento se evaluó la inteligencia de todos los alumnos del centro. De ellos se seleccionaron al azar 65, los informes de los cuales fueron entregados a los profesores. En tales informes se afirmaba que estos 65 alumnos reunían unas capacidades fuera de lo común y que tenían un gran porvenir (información que era falsa, pues los resultados que todos tenían eran iguales a los de la media). Cuando acabó el curso, se volvió a repetir la evaluación de la inteligencia y se observó cómo aquellos estudiantes que habían sido categorizados como más inteligentes por azar, realmente mostraron un mejor desempeño en las pruebas de evaluación que el resto.

¿Cómo podría explicarse este hecho? Según parece, serían las expectativas que los docentes tenían respecto a estos alumnos el elemento clave. Así, se pudo observar que los docentes, aun sin ser conscientes, daban un trato diferente a estos alumnos como por ejemplo, apremiándoles a esforzarse más y elogiándolos más directamente.

¿Entonces, qué mecanismos cerebrales subyacen al efecto de las expectativas?

La fuerza de la expectativa puede inducir una serie de cambios neurobiológicos y este fenómeno ha sido demostrado en repetidas ocasiones en el ámbito de estudio del efecto placebo. En este sentido, las imágenes cerebrales de la respuesta placebo muestran algunos rasgos comunes, tales como el incremento de actividad en la corteza prefrontal y en el cíngulo. Aquí podríamos ubicar los procesos mentales que inician el fenómeno de la expectativa (Aguilar, 2006).

En la línea de estos hallazgos, se ha observado que las expectativas podrían llegar a determinar el grado de activación cerebral que se produce cuando nos disponemos a realizar una tarea. De modo que, cuando la percepción de la posibilidad de éxito es alta, el nivel de activación cerebral también lo es. Por el contrario, las bajas expectativas de éxito se han relacionado con niveles más bajos de activación cerebral.

Y no solo esto, sino que además, las personas más optimistas y con tendencia a la generación de expectativas positivas, suelen mostrar una reducida activación de los circuitos cerebrales asociados a la percepción de la información emocional negativa, lo cual revierte positivamente sobre la capacidad de resolución de los retos a los que se enfrentan. Estos circuitos incluirían el giro fusiforme y las regiones frontales del cerebro (Bangen y cols., 2014).

En definitiva, la importancia del efecto que las expectativas del profesorado tienen respecto al alumnado también debe tomarse en consideración. Y es que, aun sin ser conscientes, mediante nuestras expectativas acabaremos influyendo sobre el resultado de nuestro alumnado.

Otro aspecto relacionado con las expectativas y de gran importancia en el ámbito educativo es el de la conocida como indefensión aprendida. Según este fenómeno, ante la exposición repetida a un acontecimiento concreto, aprendemos hasta qué punto nuestras conductas tendrán influencia o no en los resultados de estos acontecimientos.

Por ejemplo, podemos imaginar la situación en que un alumno dedica un esfuerzo de 3 horas a preparar un examen y obtiene un resultado de tres puntos. Para las siguientes 3 pruebas dedica 4, 5 y 6 horas de estudio respectivamente. Sin embargo, la calificación en cada una sigue siendo de suspenso. Ante la repetición de estos hechos, el alumno aprende que los resultados le son incontrolables y se encuentra “indefenso” porque nada puede hacer por cambiarlos. Esta indefensión aprendida, correlaciona positivamente con el déficit motivacional hacia las tareas escolares y el aprendizaje en general.

¿Qué podemos hacer para evitar la indefensión aprendida del alumnado?

Se hace necesario que desde las instituciones escolares y más específicamente desde cada una de las aulas, el cuerpo docente acompañe a su alumnado en el análisis sobre las causas y motivos que han dado lugar a uno u otro resultado. De este modo, incentivaremos el locus de control interno y nuestras acciones facilitarán la ausencia de desmotivación.

CONCLUSIÓN.

En esta entrada hemos analizado la importancia de la creación de expectativas positivas y su relación con los índices de motivación. Además, hemos desarrollado el concepto de indefensión aprendida y su correlación con los índices motivacionales. Todos estos aspectos tendrán que ser tomados en consideración a la hora de motivar a los estudiantes en las aulas y hacer el aprendizaje más significativo.

Esperamos que este artículo sea de vuestro agrado e interés y estaremos encantados de leer vuestras opiniones. Muchas gracias por estar ahí.

Israel Alberola y Mª Carmen Pastor

 

REFERENCIAS.

– Aguilar, E. (2006). Neurobiología de la respuesta placebo. Rev Mex Neuroci 2006; 7(4): 300-307

Bangen, K. J., Bergheim, M., Kaup, A. R., Mirzakhanian, H., Wierenga, C. E., Jeste, D. V., & Eyler, L. T. (2014). Brains of optimistic older adults respond less to fearful faces. The Journal of neuropsychiatry and clinical neurosciences, 26(2), 155-163.

– Reeve, J. (1995). Motivación y emoción. Barcelona, McGraw-Hill.

– Soler, A. (2016). El poder de las expectativas. El país Semanal. https://elpais.com/elpais/2016/06/17/eps/1466114748_146611.html



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