Capítulo #2 (parte I): Cuando la emoción entra por la puerta.

Written by on 22/04/2018

Capítulo #2 (parte I):

Cuando la emoción entra por la puerta.

En el presente artículo vamos a hablar de emoción, neuroeducación, motivación y las implicaciones de aquellas para con el aprendizaje. Al igual que hicimos en el podcast número 2, vamos a dividir el artículo correspondiente en dos partes y en esta primera,

1. Definiremos qué es la emoción y la motivación.

2. Hablaremos de las bases neurobiológicas de la emoción.

3. Abordaremos la disciplina conocida como pedagogía emocional.

4. Trataremos las neuronas espejo.

5. Y acabremos por hablar del neuromito del día.

En primer lugar nos gustaría diferenciar entre motivación y emoción, porque, ¿Es lo mismo estar emocionado que estar motivado? Parece que utilizamos ambos términos para referirnos al hecho de que un alumno/a esté dispuesto o con ganas para aprender en nuestra aula. Para diferenciar pues los dos términos hemos recurrido en primer lugar al diccionario de la RAE en donde hemos encontrado las siguientes definiciones:

1. Para motivación tenemos tres acepciones o entradas.

1.1. Acción y efecto de motivar.

1.2. Motivo (causa).

1.3. Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

2. Emoción, dos acepciones encontradas:

2.1. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.

2.2. Interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo.

Siguiendo las definiciones de la RAE, el ser humano puede estar emocionado por algo que ocurre en un momento determinado y  a la vez, puede estar motivado para realizar una tarea, ya sea por un factor interno o externo. Parece ser que ambas son compatibles y pueden estar relacionadas pero no son la misma cosa.

Otra de las maneras en las que abordamos la emoción es desde del paradigma de la neurociencia cognitiva. Desde esta aproximación las emociones son consideradas por su carácter evolutivo. En este sentido las emociones surgirían a través de la propia selección natural, están orientadas a la supervivencia de la especie y son innatas.

Desde los primeros estudios de Darwin se pudo observar que individuos pertenecientes a diferentes culturas presentaban expresiones faciales y posturales comunes y eran capaces de interpretar correctamente las emociones de unos y otros aun perteneciendo a ámbitos geográficos, sociales y culturales con los que nunca se había tenido contacto. Por tanto, las emociones pueden ser entendidas como patrones neurovegetativos, endocrinos y conductuales típicos de una especie y tienen una función reguladora y cuyo fin último es la supervivencia.

Pero, ¿Para qué sirven las emociones? Las emociones han sido consideradas como un mecanismo de orden superior que se activa cuando detectamos cambios significativos, bien internos o externos, a partir de los cuales se prioriza el procesamiento de aquella información importante para la supervivencia. Este complejo proceso se desarrolla mediante la organización de nuestra actividad y gracias al reclutamiento de determinados procesos psicológicos como la atención, la percepción y la memoria.

Y es que ha pasado mucho tiempo desde que nos diésemos cuenta que aquellas situaciones con mucha carga emocional se recuerdan mucho mejor y con mayor lujo de detalles que otras situaciones emocionalmente neutras. Será a partir de este momento cuando surge la conocida como “hipótesis de la modulación emocional de la memoria”, según la cual la activación emocional influiría sobre la memoria a través de su efecto sobre los procedimientos encargados de la codificación y consolidación de la memoria.

¿Cuáles son los mecanismos neuroquímicos del funcionamiento emocional?

De una parte la amígdala ha sido relacionada con las reacciones emocionales de diversas especies entre las que se encuentra el ser humano. Esta estructura se encuentra relacionada con los efectos que las emociones tienen sobre los procesos cognitivos básicos que son la atención, memoria y cognición social. Por tanto, su activación ante determinadas situaciones con carga emocional hacen que nuestro cerebro priorice el procesamiento de la información emocional generando que los procesos cognitivos básicos se puedan ver afectados.

Desde el punto de vista neuroquímico se ha observado que neurotransmisores como la adrenalina, la noradrelanina y el cortisol actúan junto a la amígdala para facilitar la adquisición de memorias y lo hacen a través de su poder de modulación del procesamiento cortical de la información y de la dirección de la atención hacia estímulos relevantes.

En otro orden de cosas, nos gustaría analizar una propuesta pedagógica clave que va de la mano del desarrollo de las emociones en la escuela. Hablamos de la pedagogía emocional. ¿Qué es la pedagogía emocional? Luis Gómez Cubero, Catedrático de Teoría de la Educación de la Universidad de Sevilla, en el artículo Cuestiones pedagógicas, 2008, pp. 65-80.  Pedagogía emocional: una experiencia de formación en competencias emocionales en el contexto universitario señala: “La Pedagogía Emocional desarrolla un campo de estudio e investigación que se ocupa del análisis e intervención sobre los factores emocionales y procesos afectivos involucrados en los procesos educativos, tanto en contextos escolares como no formales, ofreciendo pautas y clarificando principios de acción que permitan operativizar la toma de decisiones de educadores y formadores en su práctica profesional”.

Del mismo modo, Luis Gómez nos da la clave en relación con el paradigma científico en el que se basa la pedagogía emocional: “La Pedagogía Emocional nos sitúa ante todo en una disciplina que ofrece una fundamentación científica a la educación emocional, mediante el conocimiento teórico y aplicativo de cómo se activan en los contextos educativos los procesos y competencias emocionales relacionadas con la motivación, el aprendizaje y el autodesarrollo humano”.

Finalmente nos encamina hacia nuestro presente en donde la Neurociencia juega un papel clave en el contexto escolar y por supuesto el emocional. Así Luis Gómez apunta: “La nueva mirada científica se centra en el pathos para explicar el logos, superando de este modo la visión racional-cognitiva que ha dominado en la Psicología y la Pedagogía contemporánea tras la superación del modelo conductual.

En el contexto de la Psicología y, más concretamente, gracias al progreso experimentado por la Psicología Positiva, disponemos de nuevas teorías explicativas sobre el papel de los afectos y las emociones en el aprendizaje, las posibilidades de autorrealización humanas, y la motivación intrínseca y extrínseca como variables independientes. El desplazamiento del enfoque racionalcognitivo también se ha incorporado en las Neurociencias, como evidencia la teoría de la conciencia de Antonio Damasio (1999). La teoría neurobiológica de la conciencia que el neurocientífico luso nos ofrece confiere a las emociones un papel central en este proceso, hasta tal punto que éstas representan incluso la condición básica y necesaria para que los procesos cognitivos se activen”.

También queríamos detenernos en un fenómeno relacionado con las emociones que resulta de gran curiosidad. Estamos hablando del contagio emocional y las neuronas espejo. – “Las emociones se contagian…”. Todos en algún momento hemos escuchado esta expresión pero, ¿Qué hay de cierto en ella? ¿Qué nos dice la neurociencia al respecto? A partir de las aportaciones apuntadas por la ciencias sociales sobre la tendencia del ser humano a compartir estados emocionales con sus interlocutores diversos equipos de investigación neurocientífica han analizado esta tendencia a la imitación automática de expresiones faciales, vocalizaciones y posturas entre interlocutores.

De este modo la mera observación del estado emocional de otras personas activa en el observador la misma representación neural de aquel estado emocional y genera los aspectos autonómico y somáticos asociados a la emoción observada. A este fenómeno se le ha denominado resonancia neural o emparejamiento cerebro-cerebro.

El contagio emocional ha sido también relacionado con las denominadas neuronas espejo, descritas por primera vez en la década de los 90. En una serie de experimentos con macacos se identificó que cuando un animal observaba a un congénere realizando un comportamiento como alcanzar y coger un palo, en el cerebro del observador se producía un patrón de activación cerebral que era igual al que se generaba cuando era el animal en primera persona el que realizaba la acción. A este conjunto de neuronas localizadas en el lóbulo parietal inferior y córtex premotor del cerebro se les denominó neuronas espejo porque se activaban con la ejecución de un movimiento del mismo modo que lo hacían con la observación de otros realizando ese movimiento.

Llegados a este punto en el artículo, queríamos hablar del neuromito del día. En una revisión científica de la revista Nature de 2014 se observó que uno de los neuromitos más profusamente extendidos entre los y las docentes era el relacionado con los estilos de aprendizaje.

La idea básica bajo el uso de los estilos de aprendizaje parte de la consideración de que los estudiantes podrían ser categorizados en uno o más estilos de aprendizaje: visual, auditivo, kinestésico, etc. De manera que si adaptásemos nuestras aproximaciones didácticas a estas preferencias mejoraríamos el aprendizaje de nuestro alumnado.

A pesar del buen aspecto que presenta este paradigma se han realizado numerosas investigaciones y no se ha encontrado evidencia científica alguna que la sustente. Sin embargo, la creencia en los estilos de aprendizaje se encuentra muy extendida en la práctica docente.

La falta de coincidencia entre la evidencia empírica y la creencia en los estilos de aprendizaje ha generado una tensión significativa entre ambas posturas. De este modo muchas publicaciones científicas ponen de manifiesto las limitaciones asociadas a esta aproximación al tiempo que animan al docente a centrarse en estrategias de enseñanza que son demostrablemente más efectivas.

A lo largo de este artículo hemos tratado en profundidad el tema de la emoción y su relación con el aprendizaje. Como ya hemos dicho en la introducción esta es la primera parte del artículo. Os esperamos en la segunda parte.

Gracias por compartir y gracias por estar ahí.

Israel Alberola y Mª Carmen Pastor.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

– Carceller, A. (2011): “La educación de las emociones es vital para fomentar la motivación en las personas”: https://losojosdehipatia.com.es/educacion/la-educacion-de-las-emociones-es-vital-para-fomentar-la-motivacion-en-las-personas/

– Damasio, A. (1994): El error de Descartes. Barcelona, Destino.

– Mora, F. (2010): Neuroeducación: solo se aprende aquello que se ama. Madrid, Alianza.

– Núñez Cubero, L. (2008): Cuestiones pedagógicas, pp. 65-80.  Pedagogía emocional: una experiencia de formación en competencias emocionales en el contexto universitario.

– Redolar-Ripoll, D. (2014): Neurociencia cognitiva. Madrid, Panamericana.


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